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El calvario de Don Agustín: su hijo lo encerró 3 años en un anexo para quedarse con su casa
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El calvario de Don Agustín: su hijo lo encerró 3 años en un anexo para quedarse con su casa

El calvario de Don Agustín: su hijo lo encerró 3 años en un anexo para quedarse con su casa

A sus 68 años, Agustín Jaime Bernal Romero conserva una memoria prodigiosa, capaz de precisar fechas, nombres y números telefónicos con una lucidez que desmiente categóricamente la mentira con la que intentaron sepultarlo en vida. Detrás de su mirada tranquila y su hablar pausado se esconde una historia de terror, codicia y traición filial: Don Agustín pasó casi cuatro años privado de su libertad en centros de rehabilitación, no para curarse de una adicción, sino para que su propio hijo y su nuera pudieran despojarlo de su patrimonio.

Hoy, tras una fuga de película y de haber interpuesto una denuncia formal ante la Fiscalía Regional, Don Agustín alza la voz. Exige justicia no solo contra su hijo, sino también contra el director y dueño del anexo que lo mantuvieron secuestrado como «un perro abandonado».

La historia

El calvario de Don Agustín comenzó el sábado 1 de octubre de 2022. Aquel día, se encontraba sobrio debido a su trabajo como chofer de camiones de servicio colectivo. A las 5 de la tarde, recibió una llamada de su nuera, María Ramona “N”. Con el pretexto de que unas inquilinas le entregarían las llaves de uno de los cinco departamentos que Don Agustín renta en su propiedad de la calle Océano Pacífico, en la colonia Cristóbal Colón, lo citó en un OXXO ubicado en la avenida Las Torres.

Don Agustín acudió puntual. Sin embargo, las supuestas inquilinas nunca llegaron. En su lugar, aparecieron «los cuatro fantásticos», como él les llama, un grupo de hombres de un centro de rehabilitación que lo subieron por la fuerza a una camioneta Ford gris de doble cabina. El plan de su nuera y de su hijo, Agustín “N” (de 42 años), se había consumado.

De la desintoxicación al secuestro

Don Agustín fue ingresado inicialmente en el centro «La Agonía de la Vida», en El Pitillal, dirigido por Manuel Galaviz. Aunque el recluso era un alcohólico activo, llevaba días sin tomar y su proceso de desintoxicación debía durar un máximo de cuatro meses. Su hijo firmó un convenio por seis meses, pagando mil pesos semanales.

Al cumplirse el plazo, el director del centro le exigió a Agustín hijo que se llevara a su padre, pues ya estaba completamente recuperado y mantenerlo ahí de forma injustificada representaba un delito. «Ya esto significa como un secuestro», le advirtió el director. Sin embargo, el hijo postergó la salida con evasivas.

Cabe señalar que Don  Agustín se expresó muy bien de Galaviz, a quien agradece haberlo ayudado a recuperarse del alcohol e inclusive, Manuel ya declaró ante la Fiscalía sobre este caso.

Finalmente, a los diez meses de encierro, el 30 de julio de 2023, Agustín hijo acudió al centro. Pero no para llevar a su padre a casa, sino para trasladarlo en secreto a Tepic, Nayarit, en complicidad con los administradores de los centros «Mirador Las Puertas» y «San Cayetano», propiedad de Adrián “N”.

El infierno en Tepic

En Nayarit, el encierro se prolongó por tres años y 23 días más. En total, Don Agustín estuvo privado de su libertad durante 3 años, 10 meses y 23 días. Durante ese tiempo, estuvo incomunicado, sin visitas y con llamadas telefónicas sumamente restringidas.

 

Mientras Don Agustín resistía el encierro refugiándose en la lectura y la psicología de los programas de doble A, en Puerto Vallarta su hijo y su nuera tejían una red de mentiras. A sus otros tres hermanos y a su media hermana, Agustín hijo les aseguraba que su padre había perdido las facultades mentales, que era «un vegetal» y que no sabían dónde estaba. El objetivo era claro: quedarse con la casa familiar y unos terrenos, e incluso llegaron a poner un letrero de venta en una propiedad que Don Agustín heredó de su padre.

 

Una fuga desesperada y la solidaridad de los extraños

 

La libertad no llegó por la vía legal, sino por la fuerza de la desesperación. El 23 de junio de 2026, a las 2:50 de la tarde, Don Agustín y otros cinco compañeros planearon una fuga en el centro de San Cayetano. Armados con cuchillos de cocina, amenazaron a los encargados para que abrieran las puertas. «Nos fugamos con lo que traíamos puesto: un short, unos huaraches y una camisa», relata.

 

Tras escapar, Don Agustín pasó días difíciles. Sin dinero y vistiendo apenas lo puesto, sobrevivió en Tepic y Compostela gracias a la compasión de desconocidos que le invitaron tacos, café y pan en las salas de espera de los hospitales del IMSS. Fue en Compostela donde logró comunicarse con un amigo de Vallarta, Cristian, quien le transfirió 2 mil pesos para poder pagar el pasaje de regreso.

 

El reencuentro y el clamor de justicia

 

Don Agustín regresó a Puerto Vallarta el 1 de julio de 2026. Al principio, no se acercó a sus hijos porque los directores del anexo le habían hecho creer que su familia no quería saber nada de él. Sin embargo, un encuentro fortuito con su media hermana en una parada de camiones frente a Coppel La Glorias desmoronó la mentira. Entre lágrimas, su hija le reveló que su hermano les había ocultado su paradero bajo la mentira de su supuesta demencia.

 

El 2 de julio, acompañado por su amigo Cristian, Don Agustín acudió a la Fiscalía de Jalisco para interponer una denuncia penal por privación ilegal de la libertad. La carpeta de investigación es la número 3113/2026. La querella va dirigida directamente contra su hijo Agustín “N”, su nuera María Ramona “N”, y contra Adrián “N” y su hijo Adrián Priscilo “N” (alias «El Pri»), dueños y administradores de centros de rehabilitación en Tepic.

 

Después de la denuncia, el hijo le regresó las llaves de su casa y la tenencia de la propiedad ayer miércoles, pero el daño moral, físico y psicológico de casi cuatro años de encierro es irreparable.

 

«Yo quiero que se esclarezca todo y que paguen», sentencia Don Agustín con firmeza. Su caso es un crudo recordatorio de hasta dónde puede llegar la ambición familiar, la ilegalidad de algunos centros de rehabilitación, pero también es el testimonio de un hombre que, contra todo pronóstico, logró conservar la cordura y la dignidad para exigir la justicia que tanto le deben.